Escuela y capital social en los sectores vulnerables

Sunday, November 15, 2009 2:49
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El rol de la comunidad educativa de los sectores de mayor pobreza es ser acogedora y no selectiva, contener y no condenar las actitudes disruptivas de niños y niñas que viven realidades tan fuertes, como ser obligados por sus padres a vender droga en la puerta de sus casas.

En la educación es fundamental para el proceso de transferencia del conocimiento, la capacidad del docente por promover el diálogo, alcanzar el trabajo colaborativo y de equipo para que finalmente la enseñanza – aprendizaje de los niños y jóvenes, con una buena incorporación de Integración, traiga consigo buenos resultados.
Esta relación entre educación y capital social se establece desde el momento en que los niños inician su educación formal en la escuela, pues comienzan a entender mejor el mundo que los rodea y empiezan a formarse como ciudadanos.
La equidad en cuanto a poder en el capital social en el ámbito educacional, debe ser parte de un proceso democrático y consensuado con un buen liderazgo cuyo fin sea ético y con un proceso que debe obtener un conjunto de normas compartidas y aceptadas a los largo del tiempo.
La gestión de recursos comunitarios también como un proceso del capital social, debe ser pertinente y coherente con el contexto generado coordinadamente.

El capital social posee base en un modelo integrado del conocimiento en la educación, teniendo énfasis en un dialogo publico, participativo y distribuido, cuyo compromiso profesional sea basado en derechos humanos y cuyo rol que se ha gestado en comunidad, sea un rol nuevo en la sociedad que no olvide la emocionalidad del sujeto. De esta forma se aprende a ver la importancia de la participación, del control social, sus deberes y sus derechos fundamentales.
Nunca un factor aislado logra buenos resultados de modo permanente. Se trata siempre de una concatenación de factores que operan con eficacia cuando están presentes conjuntamente y se encuentran alineados en la unidad educativa, desde el nivel directivo hasta el aula y el alumno, y desde el aula hasta el nivel directivo.
Las escuelas pueden ser efectivas en cuando todos los participantes de la educación, como los padres, docentes, directivos, sostenedores, alumnos y los ciudadanos locales se involucran en sus actividades de la escuela, creando dicho capital, mediante el desarrollo de unas relaciones beneficiosas (Driscoll y Kerchner, 1999).
Una escuela eficaz “promueve de forma duradera el desarrollo integral de todos y cada uno de sus alumnos más allá de lo que sería previsible teniendo en cuenta su rendimiento inicial y su situación social, cultural y económica” (Murillo, 2003, p. 54).
Para ser eficaz la escuela debe favorecer el desarrollo de todos, la creación de instancias para desarrollar capital social progresando más de lo que se espera conforme a las características socioeconómicas y culturales existentes.
Ahora bien, si entendemos la importancia de un capital social ligado en tanto al desarrollo de una escuela efectiva, la relevancia es trascendental. La problemática se gesta en cuanto observamos las desigualdades del capital simbólico que existen en sociedades marcadas por diferencias mercantilistas marcadas como la nuestra.

Al definir capital simbólico Bordieu señala que se trata de ciertas propiedades que parecen inherentes a la persona misma del agente, como la autoridad, el prestigio, la reputación, el crédito, la fama, la notoriedad, la honorabilidad, el buen gusto, etc. Así entendido, el capital simbólico “no es más que el capital económico o cultural en cuanto conocido y reconocido”
¿Qué pasa con las escuelas de bajo capital simbólico de los alumnos, comunidad y entorno? Claramente es un desafío para directivos y docentes, pero estudios de “LA ESCUELAS EFECTIVAS EN SECTORES DE POBREZA ¿Quién dijo que no se puede?” De Cristián Bellei, Gonzalo Muñoz, Luz María Pérez y Dagmar Raczynski de UNICEF y Asesorías para el Desarrollo; señalan que las expectativas de directivos y profesores sobre el aprendizaje de los alumnos es una clave fundamental. “Ellos no creen en el determinismo social ni económico. Para ellos las capacidades de los alumnos no están limitadas, pero sí sus oportunidades de aprender. Ellos conocen las restricciones materiales de las vidas de sus alumnos y el pobre capital cultural de sus familias y tienen confianza y asumen el compromiso”.
Así también es importante en una escuela efectiva el desarrollo profesional docente, el trabajo permanente y riguroso de planificación, evaluación y retroalimentación, la realización regular de un diagnóstico de los alumnos y su atención en necesidades particulares, la definición de metas realistas, acciones acordes, evaluación de resultados, readecuación de acciones y metas, uso de una amplia gama de metodologías de enseñanza que en la practica han demostrado ser eficaces, altas exigencias académicas y situaciones desafiantes para los alumnos y reglas claras, explícitas, que se exigen y cumplen, pero son dialogadas y se apoyan en refuerzos positivos.

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